AGRADEZCO QUE ENVIEN SUS RELATOS REALES. SOLO PUBLICARÉ AQUELLOS DONDE EL O LA PROTAGONISTA NOS CUENTE ALGO SOBRE SU VIDA ANTES DELOS 17 AÑOS. GRACIAS POR MOSTRAR SUS RECUERDOS.

lunes, 16 de agosto de 2010

MI ABUELO SE ACOSTÓ CONMIGO

Este es otro de mis secretos. Pido mucha discreción y comprensión. Esto sucedió cuando yo tenía aproximadamente 5 o 6 años.
Hubo una temporada que mi madre y mi padre tenían trabajo y coincidían en horarios. La casa de mis abuelos era el lugar a donde me llevaban y permanecía ahí toda la tarde, inclusive a veces se extendía mi estancia hasta ya entrada la noche. Mi abuela se llamaba Mónica y mi abuelo Matías. Ambos eran los padres de mi madre. No quiero desmeritar todo el cariño queme ofrecían. Se comportaban como unos verdaderos ángeles, pero mi abuelo a veces se comportaba diferente conmigo.
La casa era muy grande y compuesta en su mayoría de madera, tenía planta baja y planta alta. Recuerdo que cada que alguien subía por las escaleras se escuchaba que crujían mucho y a menudo me regañaban por subir corriendo. En la planta alta estaban los cuartos y un baño enorme; en la baja el comedor, la sala, la cocina, etcétera.
Cada que me iban a dejar el abuelo se ponía muy contento, pues decía quererme mucho. La abuela no se ponía tan contenta, pues decía que nunca me estaba quieta y ella no podía andarme siguiendo para todos lados.
Matías acostumbraba mirar la televisíón en las tardes mientras la abuela preparaba la cena o se ocupaba en el jardín con sus plantas. Ella prefería que yo permaneciera en la sala junto a mi abuelo, ya que en el jardín me iba a ensuciar con la tierra. Todo parecía una rutina ya. Mi abuelito me llevaba a comprar algunos panecillos o unas sabritas para después sentarme en sus piernas mientras me los comía y veíamos juntos la TV. El acostumbraba besar mi cabello y tocar mis piernas con toda la palma de la mano. A esa edad una no piensa en la maldad de los familares. "¿Te gustan tus panecillos, m´hijita?" me decía mientras plasmaba un beso en mi mejilla, por cierto cada beso era más y más cerca de la boca, a tal grado que al final terminaba dándome puros besos en los labios. Yo no decía nada, pero notaba que su entrepierna se ponía cada vez más y más dura.
Hasta ahí no había problema alguno. Yo no me escapaba de algunos besos y caricias.
Mi abuelo se volvió mas lascivo cada vez.
Recuerdo mucho una ocasión en que mis padres me llevaron a esa casa. Yo iba vestida con una faldita, una blusa playera y unas sandalias, pues era temporada de calor. Mis abuelos salieron a recibirme y mi madre se despidió pronto de ellos, señalando que en la noche vendría a recogerme. En ese momento eran cerca de las 5 de la tarde. Le pedí a mi abuela que me diera de comer y ella aprovechó para darle también a Matías. Comimos. Al pasar una hora aproximadamente, ella dijo a mi abuelo que saldría por espacio de unas dos a tres horas, ya que tenía que comprar algunas telas para ponerse a cocer. Yo la iba a acompañar, pero el sueño me empezó a pegar. Decidieron que era preferible me quedara a dormir, de otra forma me tendría que cargar, y el abuelo me iba a cuidar en su ausencia.
Matías me prometió llevarme a la tienda para comprar lo que yo quisiera una vez que durmiera mi siesta. Aún recuerdo que subimos y comenzó el chillido de la madera. Nos metimos al cuarto de ellos y me dijo "anda, niña quítate las sandalias para que duermas bien. Tambien te voy a quitar la blusa para que no tengas calor,ya que el ventilador no funciona". Quedé prácticamente sin ropa, sólo la falda y los calzoncitos evitaban mi desnudez. "Aquí me voy a acostar junto a ti mientras te duermes. Yo también me voy a quitar los zapatos y la camisa porque tengo calor". Yo no respondí nada, pues mi sueño era más grande que mi voluntad. Sentía que los dedos de mi abuelo acariciaban mi vientre y mi espalda, ya que yo estaba acostada de lado. Luego acariciaba mis piernas y mi cuello. Mis ojos ya no respondían, pero no podía dejar de sentir. El abuelo comenzó a tocar mi entrepierna y sentí que algo pesado se subía encima de mí. Era Matías que respiraba muy cerca de mi oído y se movía de forma extraña. Sus caricias en mi cuerpo no se detenían. Algo muy grande entró trataba de entrar a mi boca, algo parecido a un dedo pulgar. Al parecer, Matías, estubo ahí conmigo todo el tiempo que duró mi siesta. De pronto abrí muy pausadamente mis ojos y una mano de mi abuelo estaba en mi entrepierna y la otra en la suya. Él estaba desnudo junto a mí y yo ya no tenía puestos mis calzones. Al percatarse de que yo había despertado, se lebantó y partió al baño. "Perdona, m´hija, es que tenía demaciado calor y me quité tambien los pantalones. A tí te dejé sólo la faldita para que tampoco lo sintieras". Me empecé a incorporar poco a poco. En mi boca tenía un sabor algo dulce y con un toque viscoso. En la mayor parte de mi piel, sobre todo mi entrepierna y mis glúteos, había algo parecido a la saliva, pero con un olor muy fuerte a cloro, como si me hubieran embarrado una crema muy espesa para piel.
Cuando regresó el abuelo ya traía puestos otros pantalones y camisa. Se calzó los calcetines y se puso los zapatos. "Ándale, m´hija, ya dormiste casi dos horas. Vístete como venías, para llevarte a la tienda para comprarte lo que tu quieras. Prométeme que nunca le dirás a tu abuela ni a tu mami ni a tu papi ni a nadie que tu y yo nos quedamos dormidos juntos. ¿Me lo prometes?", "Sí, abuelito, pero vamos a comprar cosas a la tienda ya. Vamos, porque luego la cierran".
Esa tarde noche no me percaté bien de lo que realmente había pasado pues me quedé dormida, pero creo que hubiera sido preferible no haber despertado jamás. Este es otro de mis secretos que a veces me roban el sueño.

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